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Permite duplicar la cantidad de embutidos que podés procesar en simultáneo.
Ideal para responder a picos de demanda (fiestas, temporadas altas, ferias).
Reduce la necesidad de ciclos continuos de carga y descarga.
Al producir más en menos tiempo, disminuyen los costos operativos por unidad.
Se aprovechan mejor los recursos energéticos, ya que el consumo adicional no suele duplicarse.
Posibilidad de acceder a nuevos mercados o ampliar cartera de clientes.
Menos interrupciones en el flujo de trabajo, al poder procesar grandes volúmenes en un solo ciclo.
Se optimizan tiempos de maduración y secado.
Menor desgaste de equipos por estar preparados para cargas grandes.
Posibilidad de diversificar la producción: usar un sector para un tipo de embutido (ej. salames) y otro para otro (ej. bondiolas).
Permite experimentar con distintos tiempos de secado y recetas sin frenar la producción principal.
Al tener más espacio, los embutidos se colocan con mejor separación, garantizando un flujo de aire más parejo.
Se reduce el riesgo de amontonamiento y, con ello, de defectos en la maduración.
Un secadero de mayor tamaño otorga margen de stock, evitando faltantes ante imprevistos.
Genera previsibilidad en entregas y mejora la relación con clientes.
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